LCI Mensual – Lo que marcó mayo 2026

Mercados de bonos globales: subida, retroceso y un volátil regreso al punto de partida

Los mercados de bonos tuvieron un mayo turbulento. Los rendimientos a largo plazo en Estados Unidos, Japón, el Reino Unido y Francia se dispararon con fuerza en la primera mitad del mes, impulsados por la creciente preocupación por la deuda pública, la falta de disciplina fiscal y la renovada presión inflacionaria. La inquietud generalizada era que los inversores mostraban cada vez menos disposición a mantener deuda a largo plazo a los niveles de rendimiento vigentes.

La oleada de ventas se vio amplificada por las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, que elevaron los precios de la energía y reavivaron las expectativas de inflación — especialmente en economías importadoras de energía como Japón y Alemania. En el punto álgido de la presión, el movimiento parecía amplio, sincronizado y potencialmente autoalimentado.

Sin embargo, el panorama cambió de forma decisiva en las últimas semanas de mayo. A medida que la diplomacia en torno al conflicto con Irán se aceleraba y los precios del petróleo retrocedian con fuerza — el Brent cayó alrededor de un 17 % desde sus máximos del mes —, los temores inflacionarios se disiparon al mismo ritmo. Los rendimientos retrocedieron en todos los mercados y, a cierre de mes, los tipos a largo plazo en la mayoría de las principales plazas habían vuelto a niveles cercanos a los de finales de abril.

El episodio fue un recordatorio de la rapidez con que puede cambiar el sentimiento en los mercados de bonos. Las preocupaciones de fondo — elevado nivel de deuda pública, presiones fiscales y el riesgo de una inflación persistentemente por encima del objetivo — no han desaparecido. Pero mayo cerró con más calma que con la que comenzó, con los rendimientos habiendo absorbido el shock y deshecho la subida.

Nvidia consolida su liderazgo en el auge de la inteligencia artificial

Nvidia ha vuelto a presentar unos resultados financieros excepcionales, consolidando su posición en el centro del boom mundial de la inteligencia artificial. Los ingresos trimestrales alcanzaron un nuevo récord impulsados por la explosiva demanda de infraestructura para IA, mientras que los beneficios se triplicaron con creces respecto al año anterior. El CEO Jensen Huang describió la expansión de la capacidad de computación para la IA como uno de los mayores despliegues de infraestructura de la historia y afirmó que la era de los agentes de IA apenas está comenzando.

La compañía sigue beneficiándose del enorme gasto de las grandes empresas tecnológicas en la construcción de centros de datos para IA, donde los chips de Nvidia siguen siendo el estándar de la industria. Los inversores se vieron especialmente alentados por unas perspectivas sólidas, unos márgenes de beneficio elevados y los planes de recompras de acciones masivas y aumento de dividendos.

A pesar de la creciente competencia, Nvidia ha mantenido hasta ahora su ventaja tecnológica gracias a la rápida innovación y a plataformas de chips cada vez más potentes. Al mismo tiempo, la compañía busca crecer más allá de los grandes proveedores de nube, apuntando a empresas que construyen sus propios sistemas de IA así como a aplicaciones de futuro como la robótica, los vehículos autónomos y las máquinas inteligentes.

La principal incertidumbre sigue siendo China, donde las tensiones geopoíticas y las restricciones a la exportación continúan limitando el acceso de Nvidia a un mercado clave.

SpaceX: grandes visiones y finanzas frágiles

El contraste es llamativo entre las ambiciones cósmicas de Elon Musk para SpaceX y los débiles fundamentos financieros de la compañía en vísperas de su salida a bolsa. La OPV, que según los informes apunta a una valoración de entre 1,75 y 2 billones de dólares, presenta a SpaceX no solo como un negocio, sino como una misión para convertir a la humanidad en una civilización multiplanetaria. Musk describe objetivos como la construcción de ciudades en Marte, la minería de asteroides, la creación de centros de datos en órbita y el aprovechamiento de la energía solar en el espacio para sustentar futuros sistemas de inteligencia artificial.

La compañía sostiene que la expansión más allá de la Tierra es esencial para la supervivencia a largo plazo de la humanidad y se posiciona como la única capaz de construir esta infraestructura. Estas ideas respaldan una oportunidad de mercado estimada en 28,5 billones de dólares.

Sin embargo, detrás de estas grandes ambiciones se esconde una realidad financiera mucho más dura: una deuda elevada, pérdidas anuales cuantiosas y la necesidad de decenas de miles de millones de dólares en capital nuevo. Los inversores tendrían además escasa influencia, ya que Musk conservaría un control aplastante de los derechos de voto. Reconociendo los extraordinarios logros empresariales de Musk, la conclusión es clara: los inversores deberían abordar la oferta con considerable cautela.

Kevin Warsh asume la presidencia de la Reserva Federal bajo presión política

Kevin Warsh ha sido investido oficialmente como nuevo presidente de la Reserva Federal, sucediendo a Jerome Powell en un momento especialmente delicado para la política monetaria estadounidense. Durante la ceremonia en la Casa Blanca, el presidente Donald Trump afirmó públicamente que el banco central debe mantenerse independiente, al tiempo que animaba a Warsh a seguir su propio criterio.

Warsh es considerado más abierto a los recortes de tipos que su predecesor, aunque también ha abogado por reducir el balance de la Reserva Federal. Al mismo tiempo, ha manifestado su apoyo a una mayor coordinación entre la política monetaria y el Gobierno, lo que genera inquietud sobre la influencia política en el banco central.

El cambio de liderazgo llega en un momento en que las presiones inflacionarias se intensifican de nuevo, impulsadas en parte por el alza de los precios de la energía vinculada al conflicto con Irán. Algunos funcionarios de la Reserva Federal han llegado a contemplar la posibilidad de futuras subidas de tipos si la inflación se mantiene persistentemente por encima del objetivo del 2 %.

La transición llega tras años de tensión entre Trump y Powell, a quien el presidente criticó repetidamente por no recortar los tipos con suficiente agresividad. En este contexto, las preguntas sobre la independencia de la Reserva Federal han cobrado una importancia creciente. Warsh ha prometido no obstante tomar sus decisiones de política monetaria de forma independiente y ha rechazado las sugerencias de que actuaría como un interlocutor político.

La guerra de Irán de 2026 y los mercados del petróleo

La guerra entre Irán y la coalición Estados Unidos–Israel comenzó el 28 de febrero de 2026 y reconfiguró Oriente Medio a lo largo de la primavera. Su fase de combate intenso tocó a su fin a principios de mayo. Desde entonces, el rasgo definitorio no ha sido la guerra abierta sino un frágil alto el fuego mediado por Pakistán que ha aguantado desde principios de abril — sometido a tensión por incidentes esporádicos a finales de mayo, incluidos ataques estadounidenses de «autodofensa», pero sin desembocar de nuevo en un conflicto a gran escala.

La diplomacia se aceleró en la última semana de mayo. El presidente estadounidense afirmó que un acuerdo más amplio está «en gran medida negociado», construido sobre un memorando de primera fase, con los asuntos más complejos — incluido el programa nuclear iraní — aplazados a una ventana de 30 a 60 días. Pero el acuerdo aún no está firmado: el presidente sopesa una decisión final mientras Irán cuestiona puntos clave, insistiendo especialmente en que el estrecho de Ormuz permanezca bajo su control. Los mercados están descontando una desescalada probable pero no confirmada.

El estrecho en sí no debe describirse como en proceso de normalización. El cierre efectivo del paso marítimo por parte de Irán ha sido el principal punto de presión económica del conflicto, y sigue en gran medida cerrado, con un bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes aún en vigor. Su reapertura es el punto más importante — y todavía sin resolver — de las negociaciones, no algo que ya esté en marcha.

El petróleo se mantuvo volátil pero con tendencia a la baja ante el optimismo negociador. El Brent cerró mayo en los 91–92 dólares, con una caída de aproximadamente un 17 % en el mes — su mayor descenso desde 2020 —, con el WTI moviéndose desde mediados de los noventa hacia ~90 dólares. Los vaivenes fueron reales: los ataques estadounidenses del 26 de mayo empujaron brevemente al Brent de vuelta hacia los 100 dólares. Pero el retroceso de fin de mes fue impulsado específicamente por informes sobre una extensión del alto el fuego y la relajación de las restricciones en el estrecho de Ormuz — no por un reequilibrio genérico del riesgo. El mercado está ahora descontando las probabilidades de que concluya la guerra y se reabra el estrecho, con una recuperación gradual de los flujos incluso si el acuerdo se mantiene.

La gran oleada de OPV de 2026: ¿de dónde vendrá el dinero?

Tres de las empresas privadas más valiosas de la historia se disponen a salir al mercado en cuestión de meses, y las cifras son difíciles de asimilar. SpaceX ha presentado su solicitud de cotización apuntando a una valoración próxima a los 1,75 billones de dólares, lo que la convertiría en la mayor OPV jamás registrada. OpenAI aspira a debutar en el cuarto trimestre con una valoración en torno al billón de dólares, y Anthropic apunta a octubre con una valoración de aproximadamente 900.000 millones de dólares, pudiendo captar por sí sola más de 60.000 millones.

Para calibrar la magnitud: el total de los ingresos por OPV en Estados Unidos en 2025 fue de alrededor de 45.000 millones de dólares. Goldman Sachs proyecta que 2026 podría alcanzar los 160.000 millones — y esa cifra parece conservadora una vez incluido este trío. El capital nuevo combinado que estas tres salidas a bolsa podrían absorber se estima en 200.000 millones de dólares o más.

Aquí es donde comienza la pregunta realmente relevante para las carteras. Las nuevas emisiones de acciones no crean dinero nuevo; redistribuyen el capital existente. Para financiar asignaciones en SpaceX, OpenAI y Anthropic, las instituciones tendrán que vender otra cosa — y la fuente de liquidez más inmediata es precisamente la cesta de valores tecnológicos de gran capitalización que ha impulsado los retornos de los índices durante años.

La consecuencia probable es una rotación: capital que sale de los líderes de hoy para nutrir a los de mañana. Incluso los inversores que no participen en ninguna OPV podrían sentir sus efectos como un obstáculo en las posiciones de gran capitalización que ya mantienen.

Para las carteras de largo plazo, la lección no es perseguir las cotizaciones, sino entender que una emisión de esta envergadura reconfigura todo el mercado, no solo el libro de órdenes.

El papa León XIV pide límites éticos para la inteligencia artificial

En su primera encíclica, Magnifica Humanitas («La Gran Humanidad»), el papa León XIV exige directrices éticas estrictas y una supervisión eficaz de la inteligencia artificial. Reconoce los beneficios potenciales de la IA, pero advierte de que podría profundizar las desigualdades, manipular la información, influir en la democracia y concentrar el poder en manos de unos pocos grupos adinerados. El Papa subraya que la IA debe estar al servicio de la dignidad humana, los valores morales y el bien común — no de los intereses de una pequeña élite.

Se muestra especialmente crítico con el uso de la IA en el ámbito militar, argumentando que las armas autónomas nunca deben poder tomar de forma independiente decisiones de vida o muerte. León XIV alerta también sobre la desinformación, los deepfakes y la creciente capacidad de los algoritmos para moldear opiniones y comportamientos. A lo largo del documento, insiste en que la tecnología jamás podrá sustituir la conciencia, la compasión ni el juicio moral del ser humano.

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